#08 — Lectura
El chocolate de los domingos
Durante aquellos años fui acólito.
Los domingos llegaba temprano y, entre mis responsabilidades, estaba preparar chocolate caliente antes de misa y servirlo al terminar.
En aquel momento era solamente eso.
Una tarea.
Yo no estaba aprendiendo chocolatería. No pensaba en una marca y mucho menos podía imaginar que décadas después estaría construyendo una casa de chocolate.
Por eso no quiero darle a ese recuerdo un significado que entonces no tenía.
Pero hoy me produce una sonrisa.
Porque mucho antes de Casa Zivit hubo un momento de mi vida en el que el chocolate ya estuvo unido a algo muy sencillo:
prepararlo para alguien más y servirlo.
Nada más.
Y quizá por eso mismo el recuerdo me resulta tan querido.