#07 — Lectura
Aprender a servir
Uno de mis recuerdos más antiguos sobre el servicio ocurrió cuando era niño, en la Ciudad de México.
Caminaba a casa después de salir de la primaria cuando una señora nos llamó desde la cochera de su casa. Había quedado encerrada y necesitaba que alguien avisara a un familiar para que regresara a abrirle.
La ayudamos.
No fue un acontecimiento extraordinario. Éramos simplemente unos niños ayudando a una persona que lo necesitaba.
Pero recuerdo hasta hoy la satisfacción que sentí.
Quizá algunas cosas importantes comienzan así, sin que uno se dé cuenta.
A los catorce años entré a la secundaria del Colegio Simón Bolívar, en Mixcoac. Aquellos años fueron profundamente formativos para mí.
Ahí conocí a Don Gilberto Martínez.
Yo era un adolescente inquieto, extrovertido y con una enorme cantidad de energía. Don Gilberto tuvo la paciencia de entender que aquella energía también podía encontrar un buen cauce.
Me corregía cuando era necesario, pero también confiaba en mí.
Y esa confianza venía acompañada de responsabilidades.
Había actividades que preparar, personas que recibir y cosas en las que podía ayudar.
También estaban las historias.
Don Gilberto solía contarme experiencias de otras generaciones y algunas permanecieron conmigo durante años.
Una de ellas hablaba del Hermano Pedro Lyonnet.
Ante la necesidad de conseguir recursos para renovar los pupitres del colegio, el Hermano Pedro Lyonnet impulsó una pequeña fábrica de paletas de hielo.
La idea me impresionó desde que la escuché.
Había una necesidad, pero la respuesta no consistía simplemente en esperar que alguien aportara el dinero.
Había que hacer algo.
Producir.
Organizarse.
Trabajar.
Y convertir ese esfuerzo en los recursos necesarios para resolver el problema.
Era una manera distinta de entender el servicio.
No solamente ayudar, sino construir una solución.
Aquella historia se quedó conmigo.
Con el tiempo comprendería que enseñar a hacer, crear oportunidades y permitir que el trabajo produzca sus propios frutos puede ser también una forma profundamente digna de ayudar.
Así fui entendiendo de una manera más consciente algo que ya había conocido en casa:
servir también es una forma de cuidar.